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May 18 2017

Siempre Poeta

Abel Gonzáles Fagundo es uno de mis grandes amigos que respeto y admiro por su talento como poeta. Ha dedicado muchas de sus letras a Jagüey Grande, y en otras siempre encontramos huellas inevitables de sus raíces en esta tierra.

Tuvimos la oportunidad de hacer juntos varios recitales donde mezclamos sus poesías con mis canciones. Con ellas estuvimos en dos ferias del libro de nuestro pueblo; y en otra ocasión en una feria del libro en la ciudad de Cárdenas. Posteriormente hicimos un recital en la “Casa de la Poesía” en la Habana, hasta que los azares de la vida nos separaron. Abel reside actualmente en Matanzas y desde allí sigue escribiendo aún a su tierra natal.

Hay un viejo proverbio que dice: “Nadie es profeta en su tierra”. Pienso que Abel es uno de esos grandes visionarios que se adapta perfectamente a la frase antes dicha. Lo que sucede es que casi siempre los que tienen el poder no son los que ven más allá. Aunque este exquisito escritor sigue siendo nuestro ya no lo tenemos cerca, como antes, con su palabra certera aportando a nuestra cultura jagüeyense, que tanto lo necesita en estos momentos. Hay una vieja costumbre de las mayorías a excluir a los hombres renovadores, a los que revolucionan, a los que crean; ¿será acaso que nos cuesta mucho trabajo hacer cambios, y por ello, hacemos resistencia; o porque como dijo nuestro Apóstol José Martí…cual un monstruo de crímenes cargado, todo aquel que lleva luz se queda solo…?

 

(Uno de sus poemas dedicado a Jagüey. Pertenece al libro “Extinción”)

A la derecha Abel G Fagundo

 

En la llanura naranja

El hueco naranja,

cítrico feliz.

Abre tus brazos,

recibe la tristeza de los enmascarados,

en pie frente al reloj

con la añoranza de los fantasmas tristes,

aquellos que desearon sepultar su destierro.

Asume tu cordura ante el prójimo

o manda de una vez al diablo

la elegancia rural de los ineptos.

 

Me desprendieron

Entre los dos relojes.

Yo era un ciego burlón, la escaramuza, el llanto,

saltamontes venido de una selva,

que aún se sonroja con la costumbre

de venerar la necedad.

 

¿Cuándo se detuvieron estas manecillas?,

hora fósil,

con la sonrisa rota,

la cuerda corroída por el aliento

y la hojarasca de los transeúntes.

 

¿Alguna vez se dobló el tiempo en esta villa,

pudo temblar el campanario entre sus dedos,

atarse a la eficacia

del tic tac promisorio?

Idioma de los vivos.

 

(Visite su Blog) abelgfagundo.blogspot.com

 

 

 

Sobre el Autor

marioduque

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